José María García Obeso

De José María García Obeso se sabe muy poco, a pesar de ser uno de los principales organizadores de la conspiración de Valladolid. Nació en Valladolid, capital del obispado y de la provincia de Michoacán, no sabiéndose la fecha exacta. Se dedicó a la carrera militar, llegando a obtener el grado de capitán del regimiento provincial de infantería, grupo con el que acudió al cantón que en 1808 el virrey José Iturrigaray formó en Jalapa para rechazar cualquier intento de invasión extranjera. Allí conoció a los también militares Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo, quienes ya desde entonces se declaraban a favor de la causa autonomista.

 

El nuevo virrey Pedro Garibay disolvió el cantón al ver la cantidad de criollos que quedaban concentrados, mismos que, si se lo proponían, podrían levantarse en armas. Con su decisión, el virrey pensó que acabaría con la amenaza criolla; sin embargo, la medida generó otro problema que a la larga fue más serio, pues los militares criollos regresaron a sus provincias y comenzaron a difundir las ideas de autonomía que ya se venían propagando. Y, efectivamente, una vez de regreso en Valladolid, García Obeso comenzó a conspirar contra el poder español, no se sabe si por haberse comprometido a ello con sus compañeros de armas o porque obrase por propia inspiración. Encontró más partidarios a sus ideas de los que él se hubiera imaginado, siendo uno de sus principales seguidores el fraile franciscano fray Vicente de Santa María, quien incluso desde el púlpito hacía propaganda de las ideas que ya empezaban a circular entre los grupos intelectuales y entre los militares criollos.

 

Desde septiembre de 1809, los conspiradores comenzaron a reunirse con frecuencia en casa de García Obeso; sin embargo, no fue hasta la llegada a Valladolid del teniente José Mariano Michelena cuando lo que había comenzado como simples expresiones verbales adquirió el cariz de un complot en forma, pues fue él quien concibió y estructuró un plan formal para instituir en Valladolid una Junta o Congreso que gobernara en nombre de Fernando VII en caso de que la península sucumbiera bajo las armas de Napoleón.

 

García Obeso sería elegido para ejercer la autoridad política y militar, así como el encargado de establecer la relación con los gobernadores de las poblaciones indígenas vecinas a Valladolid, que entraban también en la conjura.

 

Todo se fue desarrollando con tal rapidez que para diciembre creyeron llegada la oportunidad de iniciar el movimiento. Sin embargo, entre tanto conjurado era difícil guardar el secreto. Así es como el asesor José Alonso de Terán, intendente interino, tuvo noticias de la conspiración por varios conductos, pero principalmente por el cura del Sagrario de la Catedral de Valladolid, Francisco de la Concha, quien a su vez lo supo por el párroco de Celaya, quien había sido invitado a las reuniones. Se procedió entonces, el 21 de diciembre de 1809, a la aprehensión de todos los implicados que se encontraban en la ciudad. Descubierta la conspiración y antes de ser apresado, García Obeso decidió quemar el documento donde estaba plasmado todo el plan por seguir.

 

Siendo avisado el arzobispo virrey de esta conspiración, y no queriendo que se usara la severidad con los presos por motivos de prudencia, algunos de ellos quedaron libres y García Obeso fue enviado a San Luis Potosí en enero de 1810, a servir en el regimiento que se había formado allá.

 

Algunos meses después, Carlos María de Bustamante, defensor de García Obeso, consiguió su libertad provisional, hasta que, al iniciarse la revolución de Hidalgo, fue aprehendido nuevamente y se le siguió causa por la Junta de Seguridad y Buen Orden de la Ciudad de México, sin que se demostrara ninguna conexión entre el frustrado golpe de Valladolid y el levantamiento de Dolores. Es así como solicitó en 1813 el indulto, que obtuvo hasta cuatro años después, y murió al poco tiempo en la Ciudad de México.